La perfecta mezcla de la estética del videoclip con la tradición del género hollywoodiense

Podría sonar pretencioso afrontar una crítica global por lo que este texto viene a ser una reseña de distintos puntos destacables de toda una filmografía, de manera general y nunca como punto de partida para un estudio exhaustivo, por otra parte necesario de un director cuanto menos destacable del cine moderno. 

Es difícil establecer unas constantes en cuanto a su trabajo. No es Woody Allen, con su comedia de personajes y su narrador tartamudo, sus sinergias entre películas son más difíciles de ver y, por tanto, de establecer. Si bien podríamos recalcar la trascendencia en casi (no toda) su filmografía de un ambiente siniestro, dotando al reflejo de una sociedad oscura, a veces decadente, violenta o frustrada con un toque fantástico que le permite licencias a la hora de contar sus historias.

Y es que resultaría complicado recoger todo el cine de Fincher para mezclarlo en una batidora, como si de un cóctel se tratara. Creo que para obtener alguna conclusión plausible, habríamos de acometer una visión a escala fijándonos en su evolución orientada a las grandes audiencias y en el análisis de sus historias por separado.

Por ello, vamos a destacar tres películas sobre el resto que, cronológicamente nos sirven para evaluar su evolución y los distintos puntos de vista en sus historias: Seven, El curioso caso de Benjamín Button y La red social. Y como punto más experimental y valiente, su Club de la lucha.

Si en el club de la lucha el protagonista es un esquizofrénico bipolar, en la red social critica superficialmente a una sociedad falta de escrúpulos . En Seven, el trastorno de un asesino en serie que persigue lograr una obra maestra con los elementos de sus asesinatos.

La primera, obra maestra para muchos, es la historia una y mil veces contada del asesino en serie que pretende alcanzar su gran obra maestra por medio de unos asesinatos, burlando a las autoridades y siguiendo un patrón que mezcla la religión con su deseo de convertirse en mártir. Gran parte del éxito de este largo viene del excelente papel de Kevin Spacey, ideal para representar a un loco racional que causa temor por su realismo y elocuencia en los diálogos con la policía. Un asesino que empatiza con el publico y ante la simpática torpeza de un par de policías conocidos al espectador como Morgan Freeman (Cadena Perpetua) y Brad Pitt.

Pero si este guión, obra de Andrew Kevin Walker, plantea un argumento y personajes atractivos, es preciso no minusvalorar la labor de un director que hace grandes aportaciones y nos sirven de punto de partida para distinguir los puntos fuertes de su dirección.

Posteriores a esta película son El club de la lucha es la confirmación The Game es correcta y efectiva, pero del grupo del “ya no me acuerdo, pero estaba bien”. Zodiac es la última aportación del director a un género que dejará de lado en sus nuevos proyectos. Esta buena película, bien podría haber sido la reedición de Seven y se queda en los detalles de un largometraje peca de largo y al que le sobra metraje.

Y de ahí a El curioso caso… Quizá su gran oportunidad para atraer al público. En esta ocasión cambia detectives, policías y juegos perversos a una historia de amor que, a pesar de su singularidad, es sólo eso, una historia de amor. Un film con parecidos razonables a Forrest Gump y con algún que otro arreglo forzoso que consigue mantener enganchado al espectador en sus dos horas de duración.

Con esta película, Fincher da paso a su última película en la que queda demostrado que, a pesar de la naturaleza simple de sus historias, sabe agradar a un público más general, siempre con un fondo interesante. En la narración de su última película hasta la fecha, La Red Social, es patente el dominio de la atención del espectador en todo momento, convirtiendo con sus detalles algo tan poco emocionante como el origen de la creación de una red social en una historia inspiradora.

Por ello, resulta obligado comentar su gran éxito según las claves de su trabajo:

Mantener el interés

Mantener el interés en todo momento, en diferentes historias y géneros obliga a un servidor a catalogar su cine con la etiqueta de thriller. A pesar de que en ocasiones los personajes están a medio construir, que a veces falta diálogo, que en unos casos peca de detallista, y que en otros está al servicio de una comprensión fácil, siempre mantiene las preguntas necesarias que el espectador espera le respondan. Todo ello acompañado de un ritmo y un montaje acordes a una interpretación del guión (casi todas las historias vienen dadas) clave para solventar la barrera del espectador y mantenerlo “en” la historia.

El tiempo al servicio de la narración

Para ello, en sus montajes especula con los tiempos de la narración. Con El club de la lucha resulta hasta pretencioso. Un film que necesita de un segundo visionado para comprender toda la significación de su mensaje. En su representación de la esquizofrenia, utiliza libremente el tiempo como un recurso para entender el drama del protagonista.

Si en La red social sigue una cronología lineal, y en Seven utiliza este recurso para explicar ciertas acciones, en El curioso caso resuelve dudas y plantea otras con flashes de otros tiempos diferentes al presente. 

Una estética que intriga

Fincher tiene predilección por el uso visual de las escenas. Graba desde distintas perspectivas una misma escena para que en montaje pueda recurrir al ritmo y así contrarrestar la falta de interés del espectador.

En sus encuadres, la oscuridad es el ingrediente común, como la sal en las comidas. Los cambios de ritmo, la rapidez y el contraste hacen que su mundo adquiera un halo peculiar y le de ese aspecto sombrío que caracterice a sus historias y les de intriga y suspense.

Gran elección de historias

Uno de los mayores logros de este director es la elección de historias que se afirman según su forma de ver el cine. Tiene la virtud de adaptar una las distintas historias a su ambiente y aún así hacerlas diferentes.

Los diálogos, en general, son realmente buenos porque realzan las particularidades de los principales personajes en el guión. Con sus formas de actuar, siempre con la historia andando, muestran sus virtudes y defectos, sus puntos fuertes y debilidades y también sus objetivos, miedos y demás particularidades que nos llevan a su propio universo.

El universo de David Fincher

Fincher se llama a sí mismo como el “intérprete” de sus novelas. El diálogo, al guión y a los personajes forman parte de un engranaje que permite que la audiencia reciba el relato como una historia creíble, abriendo de este modo la puerta a su mundo y a su realidad.

Más allá de ello, uno de los puntos fundamentales en su obra es el valor de la crítica social, con la presencia del protagonista complejo (antihéroe) y la ausencia de valores absolutos. Pongamos como ejemplos: Mark Zuckerberg, protagonista de la historia y creador de “facebook” podría definirse como una persona sin escrúpulos, capaz de dejar de lado a sus amigos y de pisar a quien se le ponga por delante, Tyler Durden es un esquizofrénico que crea grupos de lucha y realiza bombas para atentar contra la gente poderosa y Nicholas Van Orton es un ególatra hombre de negocios. Todos ellos son “malos”. Pero uno se identifica con ellos y llega a entender el porqué de sus idiosincrasias.

A partir de estos construye un universo ficcional en el que no hay valores absolutos y en el que se ahonda con historias de traición, de amores imposibles o de juegos perversos. Dibuja así un mundo difícil de digerir pero mascado, de manera que no llegue a preocupar demasiado. Todo lo que hollywood no se había atrevido a contar, contado de manera que no moleste y que apenas importe.

La música para contar las cosas

De su pasado como realizador de videoclips en sus inicios queda muestra en la presencia que tiene la música en sus largos. A unas bandas sonoras compuestas con lo mejorcito de la escena alternativa (todos recordaremos la versión de Placebo de los Pixies para El club de la lucha) para las composiciones orquestales, se suman composiciones rítmicas con dos objetivos: contar algo sin un diálogo de por medio (véase cómo realiza la primeriza página de facebook Mark Zuckerberg en La red social) ó para ganar ritmo en la narración en los momentos que se ve obligado a contar algo que carece de interés.

Así, la música le sirve como ayuda para mejorar la narración de la historia, para dar un respiro al espectador o incluso para explicar algo en concreto. De esta manera, el oído descansa y el espectador puede hacer un “stop & go” ya que el interés de la audiencia no es eterno. Una utilización de la música en el relato que, a juicio personal, es diferente y transgrede con lo anterior, suponiendo una de las herencias del autor al cine.

Aportaciones al cine

Seven fue el comienzo que tuvieron muchos directores, una película diferente en su género al resto. Película a película, su director David Fincher ha ido creciendo, adquiriendo con ello un sello interesante, una impronta presente en todas sus películas y a pesar de tocar distintos palos.

Gran director que maneja con maestría el montaje, la música y la cámara. La larga duración de sus películas, la grabación de una escena desde innumerables puntos de vista o la narración con la música como elemento clave son ya dogmas de un director meticuloso y perfeccionista como pocos. Da igual la historia, que él la representa.

El resultado es inigualable. De su destacada filmografía de narraciones simplistas para todos los públicos hay varias películas que pasarán a ser de las mejores de la época. Que público y crítica, en general, coincidan no es buen síntoma, sino razón inequívoca de que viene realizando un gran trabajo.

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