Salir a bailar

La danza es, como muchas otras actividades deportivas, una disciplina que requiere mucho esfuerzo. Nueve años de preparación para veinte de carrera que no siempre son delante de las cámaras. Hablamos con Consuelo Benito Oliva, una de las protagonistas de una realidad que, cada vez, tiene más nombres en su lista.

Consuelo es una artista de barrio como otras tantas. Combina sus estudios de magisterio con la danza en una compañía pequeña de su ciudad y, eventualmente, hace alguna salida para algún bolo nunca fuera de su comunidad. Ahora, se disponen a abrir mercado. Con la excusa de la crisis, junto a las compañeras con las que lleva el negocio, acaban de abrir una web para dirigir su actividad al mercado del público anglosajón. Ya tienen concertados un par de fechas en las islas británicas y parece que lo que empezó siendo una aventura va paso de convertirse en un proyecto serio.

Y es que la formación de un bailarín dura, como mínimo nueve años. Contando que ella empezó a los ocho y que la supera en ese tiempo, su carrera va desde los veinte a los cuarenta, edad en la que generalmente termina, como pasa con la gran mayoría de deportes. Los años de preparación, según dice, “fueron muy duros porque requerían de mucho esfuerzo, en los que tenía que ir por la mañana a clase y por la tarde al conservatorio. Además, es un esfuerzo físico al que tienes que dedicar muchas horas y prácticamente no teníamos tiempo”. Un mundo difícil que tiene recompensa en el caso de unos pocos que alcanzan el más alto nivel. En el camino, quedan muchos otros que, a pesar de su trabajo se limitan a otras actividades por “la alta competición y el miedo al fracaso”.

Ahora desarrolla su arte en otros ámbitos: “Una vez que me dejé el conservatorio, me centré en la compañía de danza, a pesar de que no me dedico completamente a ella porque estudio mis oposiciones también. Doy clases en la academia a algunos alumnos y reparto mi tiempo como puedo.” Pero, ¿y por qué no dejárselo?: “Porque la danza es una manera de divertirme, de expresarme, de sentirme bien y sin la que sería capaz de vivir. Música y danza son las artes que mueven mi mundo.”

Entre las alternativas que baraja para el mañana, no está la de dirigir una academia, porque necesita de una preocupación total y “a pesar de que está muy bien pagado, no tienes un contrato fijo, sino que las actuaciones van y vienen”, con lo que no tiene un sueldo asegurado. Cuenta también que las instituciones no apuestan fuerte por la danza, que sólo en algunas disciplinas es olímpica: “Por eso este país está a la cola en este mundo, al contrario que en otros deportes.”

Al menos se abre camino empezando a exportar un poco de flamenco, adaptándose al mercado e intentando sobrevivir con lo que a ella le gusta: “Para abrir nuestras fronteras, hemos adaptado la página web y nos hemos puesto en contacto con mánagers de Inglaterra para vender un poco el flamenco por aquellas tierras.” Un par de fechas en un país lejano que podrían ser más para dar forma a una gira y al comienzo de lo que podría ser un futuro con el que ganarse la vida haciendo lo que les gusta.

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